El pasado viernes 10 de julio, las piezas de ajedrez tomaron un merecido descanso, pero el ambiente en el Club Gambito Benimaclet seguía vibrando con la misma energía del primer día. Con el cierre de nuestra Primera Edición del Campus de Ajedrez, no solo despedimos una semana de aprendizaje y estrategia, sino que pusimos la primera piedra de lo que promete ser una gran tradición en nuestro club.
La tercera semana del Campus de Ajedrez de Verano volvió a poner de manifiesto que el aprendizaje y la diversión pueden ir de la mano. A lo largo de las sesiones, los alumnos participaron en actividades muy variadas, alternando momentos de análisis, resolución de problemas, juegos dinámicos y, por supuesto, muchas partidas.
Una parte importante de la semana estuvo dedicada al trabajo sobre posiciones reales y partidas instructivas. Se analizaron ejemplos de ataque para aprender patrones tácticos y estratégicos, se resolvieron ejercicios de táctica y los participantes se enfrentaron a un original desafío: un problema en el que debían descubrir cómo llegar a una posición concreta en tan solo cuatro jugadas. Fue, sin duda, uno de los momentos de mayor concentración de toda la semana, con los alumnos completamente volcados en la resolución del reto durante cerca de una hora.
También hubo espacio para actividades más lúdicas. Uno de los momentos más entretenidos fue un trivial por parejas, con distintos niveles de dificultad y un sistema de puntuación en forma de peones. A lo largo de la actividad, los alumnos pusieron a prueba sus conocimientos sobre historia del ajedrez, reglamento, títulos, grandes jugadores y resolución de problemas tácticos, aprendiendo de una forma dinámica y participativa. Además, el trivial contó con pequeños premios, entre ellos cromos de fútbol, contribuyendo al excelente ambiente que se vivió durante toda la actividad.
Los juegos de movimiento también tuvieron un papel importante a lo largo de la semana. A través de diferentes actividades de coordinación, cooperación, puntería y trabajo en equipo con pelota, los alumnos pudieron alternar los momentos de máxima concentración con otros más dinámicos. Estas propuestas no solo sirvieron para divertirse y fortalecer el compañerismo, sino que también ayudaron a despejar la mente y volver al tablero con un mayor nivel de atención y concentración, manteniendo un excelente ambiente durante todas las sesiones.
Uno de los momentos más especiales llegó con el desafío colectivo frente a un bot de Chess.com de 1800 de Elo, un reto nada sencillo que el grupo logró superar gracias al trabajo en equipo y a los conocimientos adquiridos durante la semana. Para ello, cada alumno asumió el papel de una pieza del tablero y todas las decisiones se tomaron de forma consensuada.
Como broche final, el campus concluyó con un torneo suizo a un ritmo de 5+3, en el que se vivió un gran ambiente de competición. Para despedir la semana, todos los alumnos recibieron un obsequio con temática ajedrecística como recuerdo de su participación.
Una semana que dejó grandes momentos dentro y fuera del tablero y que, una vez más, confirmó que el ajedrez es una magnífica herramienta para aprender, compartir y disfrutar.
(Crónica de Enrique)
Mucho más que un tablero
Si hay algo que resume el éxito de esta experiencia, no son solo las partidas disputadas o los conceptos tácticos aprendidos, sino la reacción de los protagonistas: nuestros niños y niñas. La despedida fue agridulce; reinaba esa pequeña pena propia de quien no quiere que lo bueno se acabe. El cariño fue tal que no solo se llevaron a casa los regalos de clausura, sino que algunos intentaron «secuestrar» hasta el cartel de la puerta como recuerdo.
La mejor noticia llegó al cerrar la jornada: antes de salir, ya nos estaban pidiendo a gritos las fechas para los próximos campus de Navidad, Fallas y Semana Santa. ¡Parece que el virus del ajedrez ha hecho efecto!
Un agradecimiento especial
Esta edición no habría sido posible sin el esfuerzo titánico de Enrique. Ha sido una semana de trabajo impecable, marcada por el compromiso y la dedicación absoluta, y todo ello bajo unas condiciones que pusieron a prueba nuestra resistencia: el intenso calor de estos últimos días y algún que otro desafío con el aire acondicionado que, lejos de frenarnos, demostró la capacidad de adaptación y el buen humor de nuestro equipo y alumnos.
Un cierre de altura
Para culminar la experiencia como se merecen, realizamos la entrega de regalos a todos los participantes. Fue un momento de risas, fotos y la satisfacción del deber cumplido tras una semana intensa de peones, torres y mucho compañerismo.
Gracias a las familias por confiar en el Gambito Benimaclet para estos días de verano. Nos ponemos manos a la obra desde ya para que las próximas ediciones sean todavía más especiales.
¡Nos vemos pronto en el tablero!









